Not the good kind.

Cosas Fuertes que no me había atrevido a poner en palabras. Básicamente el train of thought de como cambie al recibir mi diagnóstico. En realidad, fue un proceso más largo, pero en fin, como pasas de ser todo a ser nada. (Dejo claro que no me siento así ahora, pero fue una fase por la que creo que algunos pasamos cuando nos llega una situación fuerte que nos hace cuestionarnos todo y sobre todo.. volvernos menos nosotros y volvernos más humildes.)

9:52 en un AVE a madrid. The Wreckers sondando de fondo. “The good kind”, muchas veces que escucho música no le presto mucha atención a las letras como secuencia, escucho una frase y a partir de eso mi cabeza vuela. “Do you know I cry?, and it´s not the good kind.” No puedo evitar pensar en lo poco perfectos somos, es decir en lo imperfectos que somos, en como realmente no somos nada y al mismo tiempo nos creemos todo. Como a veces tenemos esa prepotencia de creer que somos mejor que todos y miramos de menos a todo aquello que no es digno de nosotros. Suena fuerte. Pero es así, y no lo notamos. ¿Por qué escribo sobre esto ahora? Igual es el efecto de algunos vinos, el cansancio o la mezcla del cansancio y la confusión que he tenido últimamente.

A veces te dan cumplidos, te sale todo bien y en un abrir y cerrar de ojos estas en la cima del mundo, lo eres todo. Te consideras feliz, te consideras pleno. Irreal o no, en ese momento sientes que eres feliz o bueno, sientes que lo tienes todo y que no hay nada que pueda hacerte caer de ese pedestal. Y como en todo sueño, llega la hora de despertarse, a veces poco a poco. A veces no hay suerte y es de golpe. De golpe. En un abrir y cerrar de ojos ya no estas en aquella nube, ya no eres lo mas grande, ni la mejor, sólo eres alguien, aunque te sientes como nadie.

¿Adonde va toda esa prepotencia y adonde va tan rápido? Cuando la realidad toca a la puerta, el ego encuentra una forma de esfumarse, casi como magia. 3.2.1. out. Acabas sola. Sola. Sola. Sin ni siquiera la sombra de aquella prepotencia que algún día te prometió todo, que te bajo la luna, las estrellas, ¡y vamos… todo el sistema solar! Es en esos momentos que miras desesperado a tu alrededor, en busca de algo, en busca de alguien, una insignificante “no se que”, que muchas veces pasaste por alto. ¿Esperanza? ¿Fe? ¿Confianza?

Llámalo como quieras, es ese algo te hace seguir, ese algo que te dice que no es el final y que hay motivos para seguir corriendo entre la oscuridad.. que te dice que todo tiene un sentido. Lo mejor, es que tu te lo quieres creer. Ese sentimiento que estaba escondido, que estaba opacado ante tus aires de grandezas, aquel sentimiento escondido en el cuarto trasero, aquel al que solo se recurre cuando no hay más.

Eventualmente, sale el sol y te das cuenta de que solo estas tú, que no hay más, que eres que lo ves, que no eres aquello que tenías miedo ver. Tan solo tú, lo que ha habido siempre, tu con tus miedos e inseguridades, esa nada que una vez vimos como un todo. Eso. Así es como te sientes después del temblor aquel que te hace darte cuenta de que la vida sigue un curso, y que a veces no tienes el control. Eso que te hace despertar y darte cuenta en que estas gastando tu tiempo y tu vida, que te pone de cabeza y te dice que igual hay mejores caminos que debes explorar. Que igual no lo eres todo, pero que, si eres mejor que nada… que depende de ti comenzar a construirte desde ahí.


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