¿Para qué?

Tal vez el reflejo de la luz de calle, música de fondo y una copa de vino, no sea la mejor forma de pasar un viernes por la noche, o tal vez, no sea la peor forma de acabar una semana en la que la sensibilidad volvió a ser parte de mí, en la que nuestra naturaleza humana me volvió a demostrar que no somos invencibles, que cuando creemos que podemos con todo es probable que haya un nuevo reto a la vuelta de la esquina. En el fondo son cosas que sabemos, al menos yo ya lo sabía, esa sensación que desde hace días o meses me lo decía, sabía que algo no andaba bien desde aquella mañana de febrero en la que recibí la llamada de un número desconocido para decirme que tenia que ver al médico. “Pero.. mi esclerosis ya esté controlada ¿ahora qué?”.

La vida continua y no se detiene por nadie ni para nadie, y yo decidí seguirle el paso, alcanzarle, sin preguntarme los porqués o intentar detenerme para observarle objetivamente, ni preguntarle que andaba mal. El vivir ignorando el futuro no es lo mismo que vivir en el presente. No sé si es manía o buen habito el hacer lo que se tiene que hacer en cada momento, probablemente sea una forma de seguir adelante, sin pensar mucho y una garantía de no quedarte con la mirada fijada hacia atrás donde probablemente no deberías. Inmersa entre papeles y conversaciones todo se lleva más fácil, o da esa sensación. Quizá debería decir “todo se olvida más fácil”, hasta que te encuentras una noche sin poder dormir, solo tú. Tú con tus pensamientos, aquellos pensamientos olvidados o reprimidos, en el aquel momento en el que ya no los puedes ignorar ni un segundo más. Toda la atmósfera y tu alrededor conspiran para que los escuches. Ni el ruido que había antes por la calle, ni las voces de los que van disfrutando el viernes por la noche, todo se vuelve inexistente ante la claridad de los pensamientos. Entre invenciones y realidad se asomaba poco a poco aquel nerviosismo, aquel no sé qué, el sentimiento en el estómago, un nudo difícil de ignorar.

Mientras aquella lágrima que tanto trataste de evitar comienza a aparecer, pasas y le abres la puerta a la frustración, porque notas que vaya! eres humano y aunque las malas experiencias ya hayan pasado, eventualmente tu cuerpo necesita liberarse, necesita encontrar paz. Al menos le debes eso. Aquel miedo a demostrar que eres fuerte va desapareciendo por que no tienes que probarte nada, no tienes nada que probarle a nadie. Esta bien saber cuando luchar y sacar la armadura, pero lo que te hace mejor es saber también cuando quitártela. O no saber, y sólo no resistirse cuando la vulnerabilidad quiere salir. Hay momentos en los que se considera debilidad. En otros fortaleza. No depende de la perspectiva, depende de en qué términos estás contigo misma. Cuando se ve como debilidad es porque algo anda mal.

Ignorar la frustración no nos llevó al destino que pensábamos, no es la primera vez que pasa. Tampoco lucharla, a veces escucharla tiene un propósito. Los porqués no sirven de mucho, los ¿para qué? sirven más. Entender porque te pasan las cosas es algo imposible, pero buscarle un para que y cumplirlo, te hará feliz. O te dará paz que es lo que necesitas para llegar a la felicidad. Pasando por caminos equivocados preguntándote tantos porqués e imaginando tantos “como sería si…”, te hacen reaccionar que contra eso no puedes hacer nada, pero que un propósito si que se lo puedes dar, aunque estés llorando sin sentido como una idiota a las 12 de la noche de un viernes. Aceptar mi vulnerabilidad, el hecho que quisieras que las cosas fueran diferentes pero que no lo son y que puedes hacer algo con eso es una forma de sanar, una forma de serte fiel a ti mismo, de aceptarte y, de estar en paz contigo misma. Es algo lindo, es estar en contacto con lo más humano, es ser, es darse cuenta de cómo de un momento de desesperación y frustración se puede transformar en serenidad.

Y por si como yo, necesitan recordarselo con más frecuencia, aquí se los dejo.

lovecami

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